La observación
Dhiravamsa

Dhiravamsa nació en Tailandia. A los trece años se incorporó a la orden budista, formándose como monje a lo largo de veintitrés años. Tras alcanzar los máximos grados, en 1965 viaja a Inglaterra junto a su Maestro y decide iniciar lo que llama su trabajo psicoespiritual combinando la meditación Vipassana y las terapias de crecimiento personal occidentales.
En la actualidad dirige retiros y talleres de distinta duración, principalmente en España, Francia, Alemania, Grecia y Suiza.


Voy a dar unas instrucciones muy básicas y muy importantes para nuestra práctica.
Vipassana tiene que ver con observar. Observa con atención todo lo que aparezca en tu consciencia: las sensaciones del cuerpo, el diálogo interno… Observa cada diálogo. ¿Cómo tiene lugar? Es importante verlo de inmediato. Si estás en la observación, serás capaz de verlo; y si no estás en la observación, no lo verás. Tienes que estar muy presente y aplicar constantemente la observación.

Observar también es experimentar. No estás fuera de lo que estás observando, sino que estás completamente con ello. Respecto a las cosas que aparecen para captar tu atención, algunas de ellas se irán enseguida y otras, en cambio, querrán quedarse. Cuando se vayan, déjalas irse; y si se quedan, sigue observándolas. No trates de hacer que nada vuelva a tu mente; simplemente déjate experimentar lo que está sucediendo y obsérvalo. Es como realizar un viaje más y más profundo dentro del mundo interior.

Es muy importante que no empieces a relacionarte con las cosas que aparecen –sensaciones, emociones, pensamientos…–, simplemente experiméntalas y después déjalas ir, suéltalas. No necesitas ir buscando experiencias, sino simplemente estar abierto al momento. Tener experiencias no es esencial para la liberación; sin embargo, esta observación constante, junto con la capacidad de ver, es la cuestión esencial. Ver es un acto trascendente que te eleva a lo alto; es el único factor que necesitas para la liberación, no los éxtasis y las experiencias cumbre.

Me gustaría que hiciérais del observar un hábito. Cuando en meditación alcanzas un estado de paz, lo normal es que ya no desees observar. Simplemente te quedas fascinado por esa paz y no quieres observar. Pero se puede experimentar la paz y observar al mismo tiempo. Hay que nutrir esta capacidad que ya se halla en nuestra consciencia. Cuanto más la utilizas y la practicas, más accesible se vuelve. La observación también puede ayudarte a traspasar la inercia. Verás que algunas veces tu mente se siente perezosa y no quiere observar. Entonces, observa la pereza de la mente, enfócala.

Si eres capaz de ver lo que pasa inmediatamente, posees el poder de estar presente; y nada de lo que suceda va a influir en ti. Pero si ya se ha manifestado, entonces tiene más poder y tu observación se debilita. Debes mantener esa observación porque observar es estar presente. Date cuenta de que observar no es ir en busca de algo, no es observar algo del pasado. Observa y focaliza lo que se esté dando aquí y ahora.

Por favor, realizad este trabajo con suma seriedad, pues ése es el modo de adquirir conocimiento y despertar. Hablaremos de ello más adelante.

Hay dos mundos que necesitamos observar:

• El mundo físico. Comprende el cuerpo físico, el entorno y todas las formas físicas que nos encontramos. De este modo podemos ver cómo opera el mundo físico.

Comienza por observar tu cuerpo. ¿Cómo lo ves? ¿Por qué se pone tenso o se relaja? ¿Por qué se pone de una manera u otra? El cuerpo es una cosa muy obvia que todos podemos ver. Recordad que tenemos dos cuerpos: el cuerpo físico y el cuerpo de respiración o cuerpo energético. En la observación puedes ver la relación entre el cuerpo físico y el energético. Si tu cuerpo físico está en buen estado de salud y todos los órganos funcionan adecuadamente, tu cuerpo de respiración también puede funcionar adecuadamente. Pero si tu cuerpo físico se trastorna, también se trastorna el cuerpo de respiración, y tu respiración se vuelve irregular. Es un aspecto al que hay que prestar atención: cuando detectes una irregularidad en tu respiración, presta atención a lo que está pasando en tu cuerpo físico. Si mantienes el cuerpo saludable, tu respiración se hace lenta y fluida. En definitiva, tanto el cuerpo físico como el energético están conectados.

• El mundo de los fenómenos. Este mundo requiere mucha atención por nuestra parte porque es el mundo de la manifestación: es el mundo de los fenómenos físicos, emocionales, mentales y espirituales. Voy a poner un ejemplo. Te puede pasar que mientras estés sentado en meditación algo le ocurra a tu cuerpo y se manifieste, sacudiéndose de repente. Entonces, mediante la observación, averiguas por qué se sacude, por qué se mueve de forma involuntaria. No se trata de que lo entiendas intelectualmente, sino de prestar atención: ¿por qué tu cuerpo se expresa de este modo?, ¿cuál es la causa subyacente?, ¿qué hay tras ese movimiento? A veces, el cuerpo puede manifestarse mediante gestos o colocándose en una posición diferente. Aquí no ha ocurrido mucho, pero, si te sucede, no concentres la atención en ello. Ante cualquier fenómeno irregular o poco usual que te ocurra, simplemente date cuenta de lo que está ocurriendo, pero sigue centrado en la respiración. De este modo, no te ves arrastrado ni tampoco manipulas el fenómeno.

En este mundo puedes ver la manifestación de tu cuerpo cuando te pones en contacto con diferentes entornos o diferentes formas de energía. No se trata de observar solamente tu cuerpo; también puedes observar el cuerpo de los demás. Por ejemplo, presta atención a cómo caminas y en qué estado se halla inmersa tu mente cuando caminas de determinado modo, pues el estado de la mente influye en tu forma de andar. Y si observas caminar a los demás, trata de ir más al fondo. Generalmente, se puede ver el arquetipo de la gente y de dónde es por la forma de caminar. Se supone que los españoles caminan de manera parecida. Esto se ve muy claro en la forma de bailar española; tiene una cierta energía arquetípica. La gente de otros sitios bailan diferente (me refiero al detalle de los movimientos). Incluso si hacen la misma forma, los mismos pasos, los movimientos son algo diferentes.
Por ejemplo, la forma de caminar del americano es bastante distinta de la del europeo. Un psicólogo americano aprendió de Jung esta cuestión del arquetipo del país, de la tierra. Había estudiado a los indios americanos y había observado que poseían cierta energía relacionada con la tierra o el arquetipo de la tierra. Cuando los europeos llegaron a América, de una forma natural fueron influidos por el arquetipo de la tierra que se manifiesta muy claramente en el modo de andar. Después, este psicólogo se fue a Picadilly Circus (Londres) y se dedicó a observar a la gente que caminaba por allí, tratando de adivinar quién era americano y quién europeo. Y no cometió ni un solo error.

Es muy interesante observar a la gente cuando anda. El mejor momento para ello, cuando realmente se pone de manifiesto la realidad, es cuando no se dan cuenta de que son observadas. Es diferente cuando lo haces en un ejercicio, porque entonces ya controlas e intentas hacerlo de un modo u otro. A mí me gusta mucho observar y mirar a la gente. Prestar atención a este aspecto es muy parecido a la terapia de Reich. Por ejemplo, en esta terapia, el cliente se tumba en la camilla. Los reichianos prefieren que la gente se tumbe desnuda para observar mejor el movimiento del cuerpo al respirar y ver en qué lugares está bloqueada la energía. Vosotros que meditáis tendríais que ser capaces de distinguir las diferentes clases de energía, en particular las energías emocionales, porque se trata de fenómenos emocionales y mentales. Por ejemplo, cuando surge el enojo o el miedo, ¿cómo se manifiesta en el cuerpo? Siéntelo en ti mismo. Todo el mundo siente ira y miedo. Cuando sientes pánico, ¿de qué modo se manifiesta? Cuando te deprimes, ¿de qué modo afecta a tu cuerpo? Observa estas manifestaciones y serás capaz de ver cuándo se presenten en los demás.

En la meditación observas la manifestación. Primero tienes un sentimiento o una emoción; entonces observas cómo este sentimiento o esta sensación se manifiesta en tu cuerpo y cómo tu mente reacciona al sentimiento. Observa el conjunto de todo lo que se da al mismo tiempo, no solamente la sensación o el sentimiento, porque estás observando de un modo más amplio y más profundo. Si estás observando, no te identificas, porque si te identificas ya no puedes observar. Por lo menos al principio, cuando comiences a observar, se creará una distancia entre tú y lo que esté sucediendo. Esa distancia significa desidentificación, o sea, que en ese momento no te estás identificando. Si estás enfadado y te identificas con el enfado, no puedes mirar el enfado; tan sólo se manifiesta el enfado y no puedes observarlo siquiera. Te pones a gritar, a chillar, a arrojar trastos y también tiras tus palabras, escupes tus palabras a la gente o a las cosas contra las que estás enfadado. Aquí no hay observación; es tan sólo una reacción. La reacción es la manifestación del enfado. Si puedes ver la manifestación, eres capaz de ver una distancia y, por lo tanto, eres capaz de desidentificarte.

Siempre estamos practicando esto: observar y observar. Y cuando observamos, también escuchamos. Recordad que no observamos intelectualmente. Observamos con atención, en el sentido de que no interpretamos aquello que estamos observando; tan sólo tratamos de extraer información. Pero si observamos con la mente intelectual, lo que hacemos es describir, interpretar. Ocurre lo mismo cuando estás mirando una flor o un paisaje: si te pones a describirlo, estás intelectualizando, y eso significa que ya has dejado de observar. La interpretación debería venir más adelante, cuando ya tengas suficiente información. Es muy importante hacer de esto una ley absoluta: que en el momento de la observación no haya ni descripción, ni intelectualización, ni interpretación, ni juicio; tan sólo tratar de obtener información. La información viene a través del observar. Por ejemplo, si te pones a mirar la moqueta y miras el tiempo suficiente, empiezas a ver más detalles. No necesitas describir cómo es la moqueta; simplemente la miras y la información surge de esta observación porque empiezas a ver los detalles, la forma, la estructura, la textura… Todo se manifiesta ante tus ojos, y entonces comprendes. Este modo de observar significa que observas en silencio. Ésta es la forma directa de conocer tanto la realidad como la irrealidad.

Trata de observar el mundo de este modo y observa de qué manera lo ves. No te lances a criticar, a reaccionar o a analizar, sino a observar hasta que obtengas suficiente información. Entonces puedes tomar una decisión, pero, en realidad, no tienes que tomar ninguna. Cuando has reunido suficiente información, todo está claro; no hay dudas. Observar nos ayuda a ser claros. Cuando hay claridad, no hay duda ni indecisión, pero normalmente queremos una respuesta que ya esté hecha, prefabricada. Esto constituye también un modo de evitar la observación; pero es peligroso buscar respuestas prefabricadas.

Mediante la observación alcanzamos nuestro potencial para resolver cualquier problema. La respuesta está en entender el problema o el reto del momento. Si permanecemos el tiempo suficiente con una cosa (cualquiera que sea), no hay modo de no entenderla. Es lo que llamamos el insight, la comprensión clara del instante. Hay que tener paciencia, en especial cuando hay algo que nos molesta. Tenemos que aceptar la sensación de ser molestados, porque cuando la aceptamos se hace soportable y no es tan dolorosa. Lo hacemos de este modo, manteniéndonos con la cosa en cuestión; y cuando encontramos la respuesta, nos hemos liberado. Es como si hubiéramos descubierto un diamante. Así se solucionan los problemas. Además, no nos quedamos enganchados a lo que nos resulta doloroso, y constituye el medio para obtener más insights sobre la realidad.

El insight tiene dos cualidades: una es la de soltar; la otra es que nos mueve hacia delante, hacia la liberación.

Hay muchísimos fenómenos que observar. Ahora os he proporcionado tan sólo unos pocos ejemplos. El mundo de los fenómenos es el mundo de la manifestación. Cuanto más lejos vayamos, más nos encontraremos con un mundo profundo: el mundo de lo absoluto, el mundo de la no manifestación. También tenemos que ver que existe el mundo de lo inmanifiesto, ya que Dios y el Dharma están en este mundo. A veces uno tiene un chispazo, una visión de dicho mundo, particularmente cuando se llega al punto de la quietud interior. Ahí no hay movimiento, no hay fenómenos, sólo una vibración muy sutil. Al entrar en esa tranquilidad, seremos capaces de ver lo Absoluto. Nadie lo está creando, nada lo cambia. Ése es nuestro verdadero ser. Vamos a alcanzar nuestro ser trascendiendo el mundo físico.