De monstruas y transgesiones
                                                            Desiré_rodrigo garcía

                                                                                                             Es mi deseo expresar las transformaciones
                                                                                                             de los cuerpos en formas nuevas. Ovidio

 

Desde la II Guerra Mundial y de forma muy acusada desde mediados de los años setenta, en las sociedades occidentales se están produciendo una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas, como la globalización de la economía, la división internacional del trabajo, la segmentación de la clase obrera, la centralidad del consumo de masas para el funcionamiento de la economía, la extensión y la mundialización de la comunicación y la información a través de los mass media e internet, la crisis y derrumbe del "socialismo real" del este de Europa, la ideología del "fin de las ideologías" Estos cambios sociales están produciendo una serie de subjetividades más móviles e imprecisas con posiciones en las relaciones de producción, consumo y reproducción caracterizadas por la inseguridad y la flexibilidad. Inmigrantes que viven en los márgenes, en la periferia del sistema socio-económico dominante, mujeres que viven en doble presencia (que trabajan simultáneamente en dos esferas de trabajo, la doméstico-familiar y la del mercado laboral), jóvenes con trabajos temporales y a tiempo parcial, bien alejados del modelo bread winner imperante en el imaginario simbólico occidental, personas con orientaciones sexuales no heterosexuales, personas que no logran adecuar su identidad a sus órganos sexuales todo un conjunto de seres que nada tienen que ver con los rígidos modelos blancos, patriarcales y occidentales. Sujetos nómadas, monstruos con identidades fragmentadas, en continuo devenir, que gozan de una gran habilidad para vivir en las fronteras.

En la época moderna el modelo en que basar las identidades de clase, género y raza era el de un cuerpo orgánicamente estructurado, construido por el discurso médico como un todo organizado por divisiones jerárquicas.

Divisiones binarias y opositivas que generan significados por exclusión, siendo el primer término el privilegiado que subordina al segundo: materia/espíritu, naturalidad/artificialidad, blanco/negro, hombre/mujer, heterosexual/ homosexual. Las nuevas narrativas de construcción de cuerpos y sujetos, dentro del universo tecnocientífico actual, cuestionan y rompen con algunas de estas jerarquías: límite entre lo humano y lo animal, entre humano y máquina, y entre lo físico (material) y lo no físico (espiritual). "Han vuelto caducas no solamente las justificaciones del patriarcado, sino todo tipo de reivindicación de una identidad orgánica y natural" (Arthur Kroker, 1993:113). Como dice Donna Haraway en su Manifiesto para Cyborgs: "A finales del siglo XX -nuestra era, un tiempo mítico-, todos somos quimeras, híbridos teorizados y frabricados de máquina y organismo; en unas palabras, somos cyborgs" (Haraway, 1991:254).

LA CONSTRUCCIÓN DEL CYBORG

"Succionado, abosorbido por un vórtice de banalidad acabas de perderte el siglo XX. Estás al borde del milenio, ¿cuál?, ¿eso qué importa? (...) Lo cautivador es la mezcla de fundidos. El contagio ardoroso de la fiebre del milenio funde lo retro con lo posmo, catapultando cuerpos con órganos hacia la tecnotopía donde el código dicta el placer y satisface el deseo" (VNS Matrix (1991), Manifiesto de la Zorra Mutante). Un cyborg es un organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social y también de ficción. Los cyborgs señalan acoplamientos inquietantes y placenteros, fronteras transgredidas, fusiones poderosas y posibilidades peligrosas. Son encarnación de un futuro abierto a las ambigüedades y a las diferencias. Se sitúan del lado de la parcialidad, la perversión, la ironía Son opositivos, utópicos, responsables, pero de ninguna manera inocentes. Tienen una necesidad vital de conectar, se fi-sionan de manera espontánea. Constituyen una identidad posmodernista a partir de la otredad, de la diferencia y la especificidad. Desde parte del movimiento feminista, Queer, desde posturas políticas postmodernas y postestructuralistas, se considera y utiliza los cyborgs como espacios reales sobre los que elaborar alternativas políticas y rearticulaciones de los significados impuestos por el orden capitalista. "El cyborg es nuestra ontología, nos otorga nuestra política" (Haraway, 1991:254). "El cyborg es el único modelo que nos permite teorizar la subjetividad. Cuerpos sin órganos, hombres sin tributos, cyborgs: son estas las figuras subjetivas producidas y productivas en el horizonte contemporáneo, las que son hoy capaces de comunismo" (Negri y Hardt, 1998:35)

La raza bastarda enseña el poder de los márgenes, se regenera, altera sus códigos mediante la conciencia opositiva, el conocimiento de un yo-que-no-es, actos performativos (Judith Bulter, 1990), construyendo y destruyendo categorías, identidades, relaciones, territorializando y desterritorializando espacios "En lugar de desvanecerse en la inmaterialidad del aire, el cuerpo se está complicando, replicando, escapando a su organización formal, los órganos organizados que la modernidad siempre ha considerado como la normalidad. Esta nueva maleabilidad se encuentra en todas partes: en los tatuajes, los piercings, las señales indelebles de las marcas y las cicatrices, la aparición de redes neurales y virales, la vida bacterial, las prótesis, y los enchufes neurales, una basta cantidad de matrices errantes"( Plant, 1997). Los cuerpos tatuados, perforados con piercings, los cuerpos transexuados, las butch, las drug-queens son ejemplos de cuerpos que transgreden la norma y que se constituyen como alternativas a la misma. Son ejemplos explícitos de identidades fragmentadas, híbridas, como el cuerpo-colectivo-rave lo es de una forma de subjetividad nómada, que se constituye en sus prácticas y no en la búsqueda de una identidad común.

CIBERIA Y CIBERIANAS

Las raves se pueden pensar en estos términos, como acto de resistencia política y psíquica. Como práctica donde el deseo fluye constantemente produciendo, creando de manera libre, sin estar sujeto a formas de organización arborescentes y estáticas, a identidades fijas y unitarias donde la experiencia del cuerpo y de la subjetividad son metáfora del colapso que sufre el sujeto organizado según las reglas de la modernidad y expresión de la (con)fusión orgiástica que da forma a nuevos sujetos nómadas, inesenciales, contigentes, interpretables, mutantes. La rave-acontecimiento se caracteriza por el ensamblaje. Los diferentes elementos que la construyen se combinan una y otra vez, en un continuo devenir, formando una serie de conexiones, de fluidos siempre cambiantes. Una base electrónica que se acopla a ritmos de guitarra, piano, tambores, que se acoplan al éxtasis ingerido por los cuerpos, que se acopla a un volumen y a una intensidad de luz, que se acopla a una pierna que baila, unos ojos que miran, un cuello, unos hombros, un sexo. Los elementos se conectan sin premeditación, no hay tiempo de interpretar. Es un proceso de producción instantáneo, producción de formas, ritmos, realidad. Las raves están constituidas por una serie de prácticas socio-espacio-temporales y corpo-emocionales. La pretensión de estas páginas es analizar las subjetividades que se configuran en la práctica rave utilizando la metáfora del cyborg de Donna Haraway. Por este motivo no me voy a detener en los otros aspectos que configuran la experiencia rave: música, viviencia del espacio-tiempo, drogas. Evidentemente esto sólo se puede hacer en un nivel teórico, sobre papel, pues en la práctica unos elementos dan consistencia a los otros y no se entienden sino en el ensamblaje, en su conexión. "La música suena y ya no la distingo como un todo diferente de mí, es la base electrónica, sonidos que se superponen, se conectan se convierten en mi piernas, mis brazos, mis manos, mis ojos, mi cerebro, mi sonrisa y mi boca sedienta, son los ojos de las otras personas, la botella de agua que me pasan, las luces que construyen y deconstruyen el espacio, es una experiencia donde todo cambia, movimiento continuado de formas que se alargan hasta el infinito, es sentirse en comunión, es ser y sólo ser, es, como su propio nombre indica, éxtasis".

En las raves se produce lo que Maffesoli (1988) utilizando el término de Weber denomina comunidad emocional. Nebulosa que se define por la experiencia compartida, por dimensiones afectivas y sensibles que se oponen a relaciones de tipo contractual o marcadas por la racionalidad, el cálculo de estrategias y finalidades. Es una experiencia de afinidad espontánea, de verse rodeado de otras que comprenden, porque sienten la música, la fiesta, de la misma, pero no homogénea manera. Los individuos que participan se fisionan y se experimenta una multiplicidad del yo, que se convierte en extensivo y relativo. Se produce un proceso de desubjetivización que escapa de las lógicas binarias hombre/mujer, blanco/negro, mente/cuerpo, que diluye categorías como sexo, etnia, clase social que antes le dieron forma. "Jamás volveré a decir soy esto, soy aquello" (Virginia Woolf cit. en Deleuze, Guattari; 1980:36). Las raves son procesos de producción constante, donde las relaciones que se producen no obedecen a modelos pre-establecidos, no hay derivados. Es un mapa de múltiples entradas y no un calco donde sólo se representa. Nada es representación, todo es experimentación. Es una propuesta para deshacer el organismo, para liberarlo de la represión que lo sujeta y crear nuevas formas de organización más libres, flexibles, dinámicas, en continuo devenir, en contraposición a una organización estática y sujeta, en nuestro caso con las peculiaridades de una forma de organización económica, política y social capitalista, etnocéntrica y patriarcal. "¿Tan triste y peligroso es no soportar los ojos para ver, los pulmones para respirar, la boca para tragar, la lengua para hablar, el cerebro para pensar, el ano y la laringe, la cabeza, las piernas? Por qué no caminar con la cabeza, cantar con las senos nasales, ver con la piel, respirar con el vientre (...) Donde el psicoanálisis dice: Deteneos recobrad vuestro yo, habría que decir: Vayamos todavía más lejos, todavía no hemos encontrado nuestro cuerpo sin órganos, deshecho suficientemente nuestro yo. Sustituid la anamnesis por el olvido, la interpretación por la experimentación. Encontrad vuestro cuerpo sin órganos, sed capaces de hacerlo, es una cuestión de vida o muerte, de juventud o de vejez, de tristeza o alegría. Todo se juega a ese nivel" (Deleuze, Guattari; 1980:157).

STOP THE MUSIC AND GO HOME

"...han generado olas de choque que continúan reverberando (...) afectando la música, la ley, las políticas y muchas otras áreas de la vida pública y privada" Mathew Collin. "¡Llegó la buena nueva, la gran noticia! El brazo de la revolución está a punto de saltar y finalmente se podrá escuchar el disco". Así es como entendemos la rave-acontecimiento, como un acto donde se cambia no sólo de música, sino de comportamientos, de subjetividades, de relaciones sociales, de organizaciones del deseo Las raves se pueden analizar como una forma de micropolítica que agrupa a una serie de personas sin necesidad de identidades esencialistas. Se definen únicamente por sus prácticas, ejerciendo la fuerza de los espacios lisos, nómadas, de lo no-numerable. No toman como modelos las formaciones sociales de las instituciones sino que las atraviesan, las trastocan. Son actuaciones que utilizan como armas la imaginación y la creatividad para subvertir las normas dominantes y crear espacios temporalmente autónomos. En este sentido las raves se constituyen como una máquina de guerra que va extendiendo el germen de la transgresión y de la transformación. Virus de creatividad y de imaginación que infecta todas las esferas de la vida y que una vez introducido nunca dejará de generarse y de mutar para estar constantemente en fuga y en continua construcción. A pesar de no actuar mediante la confrontación y la violencia directa, son molestas a la máquina del estado, pues atacan directamente pilares tan importantes como la propiedad privada. Ante ello las fuerzas del orden responden intentando bloquear estas prácticas y acompañando sus acciones con el discurso sensacionalista y catastrofista de los medios de comunicación dominantes. En el Estado Español todavía no hay una legislación clara para penalizar este tipo de fiestas (ponen multas) pero su estrategia se basa en reabsorber este tipo de prácticas dentro del circuito comercial (Clubbing como vertiente comercial del raving). Así, las raves, pueden ser absorbidas o reutilizadas por el sistema: reorientadas hacia el consumo, creación de discotecas techno, festivales como el Sónar de Barcelona donde se confunde la rave y su potencial subversivo con la utilización capitalista del techno.

También se puede hacer una lectura funcionalista de las raves, en el sentido que se configuran como espacios donde los y las jóvenes se liberan de las tensiones acumuladas en su vida cotidiana: estudios, trabajos precarios, normas paternas peros sin interferir en las mismas. Se desahogan y pueden volver a su rutina con mayor resignación, esperando de lunes a viernes que llegue el fin de semana. En este sentido se está generando un debate entre los colectivos, las personas que se dedican a la puesta en marcha de las raves: ¿es sólo fiesta (gratis!) lo que ofrecemos? ¿competencia a las discotecas? ¿espacio donde drogarse sin trabas? ¿son las relaciones sólo artificio? ¿tiene posibilidad real de transformación? El debate está abierto: paradojas, contradicciones que lejos de detenernos muestran que ¡todavía no hemos bailado suficiente! "Dicen que están inventando una nueva dinámica. Dicen que están deshaciéndose de las sábanas. Dicen que están saliendo de los museos, de las vitrinas, los pedestales donde fueron colocadas. Dicen que están sorprendidas de que puedan moverse". Monique Witting, Las Guerrilleras. En estas páginas nos hemos situado en la alegría. En la emoción que supone la experiencia real de la posibilidad de transformación. Y es que a través de nuestra participación en estos acontecimientos hemos ido construyendo una práctica del raving, como un espacio liso, una zona temporalmente autónoma, donde las formas de subjetivación son mucho más flexibles, abiertas, extendibles y se generan unas relaciones más libres e igualitarias. Cada persona que entre a formar parte de la práctica-rave, la experimentará de una manera diferente, dependiendo de sus referentes, sus gustos, sus intencionalidades y es que no pretendemos narrar aquí la Verdad de estos acontecimientos, sino simplemente la verdad de cómo la vivimos nosotras. Y hablo siempre en plural, aunque físicamente es una la que escribe. Pero es que como dicen Deleuze y Guattari al empezar el Anti-Edipo, yo soy muchos y muchas a la vez. Y hablo siempre en femenino, porque me refiero siempre a "personas" y porque el lenguaje cuenta a la hora de construir realidad y bastante daño ha hecho ya un uso del lenguaje falocentrista.