Los estados holotrópicos en la historia de la psicología
                                                           Stanislav Grof

 

La clara aceptación de los estados holotrópicos en la era preindustrial contrasta agudamente con la compleja y confusa actitud hacia dichos estados en la civilización industrial. Los estados holotrópicos tuvieron un papel crucial en la temprana historia de la psicología y de la psicoterapia profunda. En los manuales de psiquiatría, las raíces de la psicología profunda normalmente se remontan a las sesiones hipnóticas con pacientes histéricos llevadas a cabo por Jean Martin Charcot en la Salpetrière en París y a la investigación sobre la hipnosis llevada a cabo por Hippolyte Bernheim y Ambriose Liébault en Nancy. Sigmund Freud visitó ambos lugares en la época de su viaje de estudios a Francia y aprendió dicha técnica de inducción de la hipnosis. La utilizó en sus exploraciones iniciales para acceder al inconsciente de sus pacientes. Más tarde, cambió radicalmente su estrategia y sustituyo este enfoque con el método de la asociación libre. Además, las ideas iniciales de Freud fueron inspiradas por su trabajo con una paciente que trató conjuntamente con su amigo Joseph Breuer. Esta joven, que Freud denominó en sus escritos Miss Anna O., sufría de graves síntomas histéricos. En sus sesiones terapéuticas, experimentaba estados holotrópicos de consciencia espontáneos en los que regresaba a la infancia y revivía distintos recuerdos traumáticos que subyacian a su trastorno neurótico. Encontró que estas experiencias eran de mucha ayuda y se refería a ellas como ´limpieza de chimenea´. En su libro titulado Estudios sobre la histeria, ambos terapeutas recomendaban la regresión hipnótica y aconsejaban la abreacción emocional de los traumas como tratamiento para las psiconeurosis (Freud y Breuer, 1936). En su trabajo posterior, Freud pasó de la experiencia emocional directa en un estado holotrópico a la asociación libre en el estado ordinario de consciencia. También cambió el acento del revivir consciente y la abreacción emocional de material inconsciente al análisis de la transferencia, y del trauma real a las fantasías edípicas. Retrospectivamente, parecen desarrollos poco afortunados que pusieron a la psicoterapia occidental en la dirección errónea durante los siguientes cincuenta años (Ross, 1989). Mientras la terapia verbal puede ser muy útil para proporcionar aprendizaje interpersonal y rectificar una mala interacción y comunicación en las relaciones humanas (por ejemplo en la terapia familiar y de pareja), es ineficaz a la hora de tratar bloqueos emocionales y bioenergéticos, así como macrotraumas que subyacen a la mayoría de los trastornos emocionales y psicosomáticos. A causa de este desarrollo, la psicoterapia de la primera mitad del siglo XX fue prácticamente sinónimo de hablar: entrevistas cara a cara, asociaciones libres en el diván y el descondicionamiento conductista. Al mismo tiempo los estados holotrópicos, inicialmente contemplados como una herramienta terapéutica eficaz, se asociaron con la patología en lugar de con la sanación.

Esta situación empezó a cambiar en la década de los años cincuenta con la llegada de la terapia psiquedélica y de innovaciones radicales en psicología. Un grupo de psicólogos americanos, encabezados por Abraham Maslow, que estaban insatisfechos con el conductismo y el psicoanálisis freudiano, pusieron en marcha un nuevo movimiento revolucionario: la psicología humanista. En poco tiempo, este movimiento se hizo muy popular y proporcionó el contexto para una amplia gama de terapias basadas totalmente en nuevos principios.
Mientras que las psicoterapias tradicionales utilizaban fundamentalmente medios verbales y el análisis intelectual, estas nuevas terapias, denominadas experienciales o vivenciales, acentuaban la experiencia directa y la expresión de las emociones. Muchas de ellas incluían también distintas clases de trabajo corporal como parte integral del proceso terapéutico. Probablemente el más conocido de estos nuevos enfoques lo constituye la terapia gestalt de Fritz Perls (Perls, 1976). A pesar de su énfasis en la experiencia emocional, la mayoría de estas terapias se basaban todavía, en gran medida, en la comunicación verbal y exigían que el cliente estuviera en un estado de consciencia ordinario.

Las innovaciones más radicales en el campo terapéutico fueron enfoques tan poderosos que cambiaban profundamente el estado de consciencia de los clientes, como la terapia psiquedélica, distintos abordajes neoreichianos, la terapia primal, el rebirthing y otras pocas. Junto a mi esposa Christina desarrollamos la respiración holotrópica, un método que puede facilitar profundos estados holotrópicos con medios muy simples: una combinación de respiración consciente, música evocadora, y trabajo corporal centrado (Grof, 1988).
La investigación farmacológica moderna contribuyó con substancias psiquedélicas, en forma química pura, al método para inducir estados de consciencia holotrópicos, ya fueran aisladas a partir de plantas o sintetizadas en el laboratorio. A las que pertenecen los tetrahidrocanabinoles (THC), principios activos del hashish y la mari-huana, mescalina del peyote, psilocibina y psilocina de los hongos mágicos mexicanos y diversas triptaminas derivadas de los rapés psiquedélicos utilizados en la zona del Caribe y en Sudamérica. La LSD, o ditelamida de ácido lisérgico, es una sustancia semisintética; el ácido lisérgico es un producto natural del ergot y su grupo dietilamida se añade en el laboratorio. Los psiquedélicos sintéticos más conocidos son los derivados de la anfetamina: MDA, MDMA (Adán o Éxtasis), el STP y el 2-CB. Existen también técnicas de laboratorio muy eficaces para alterar la consciencia. Una de ellas es el aislamiento sensorial, que implica una reducción importante de estímulos sensoriales significativos (Lilly, 1977). En su forma extrema el individuo se ve privado de input sensorial al sumergirse en un tanque oscuro e insonorizado lleno de agua a la temperatura corporal. Otro método muy conocido de cambiar la consciencia es el biofeedback, en el que el individuo se ve guiado por señales de feedback (retroalimentación) electrónicas a estados de consciencia holotrópica caracterizados por el predominio de ciertas frecuencias concretas de ondas cerebrales (Green y Green, 1978). Podemos mencionar también aquí las técnicas de deprivación del sueño y de los sueños, así como el sueño lúcido (LaBerge, 1985).

Es importante señalar que también pueden producirse espontáneamente episodios de estados holotrópicos de distinta duración, sin ninguna causa específica identificable, y a menudo contra la voluntad de la persona implicada. Puesto que la psiquiatría moderna no distingue entre estados místicos y espirituales y enfermedades mentales, la gente que experimenta dichos estados a menudo es etiquetada como psicópata, es hospitalizada y recibe un tratamiento rutinario psico-farmacológico represivo. Mi esposa Christina y yo nos referimos a estos estados como crisis psicoespirituales o emergencias espirituales. Tenemos la convicción de que adecuadamente apoyadas y tratadas, pueden desembocar en sanación emocional y psicosomática, así como en una transformación positiva de la personalidad y en una evolución de la consciencia (Grof y Grof, 1989, 1990).

Aunque me he interesado profundamente por todas las categorías de estados holotrópicos mencionados, he llevado a cabo gran parte de mi trabajo en el ámbito de la terapia psiquedélica, la respiración holotrópica y la emergencia espiritual.La irrupción de la terapia psiquedélica y de las poderosas técnicas vivenciales reintrodujeron a los estados holotrópicos en el arsenal terapéutico de la moderna psiquiatría. Sin embargo, ya desde un principio, la comunidad académica tradicional mostró una fuerte resistencia frente a estos enfoques y no los aceptó, ni como modalidad de tratamiento ni como fuente de desafíos conceptuales críticos.Toda la evidencia publicada en numerosas revistas profesionales y libros no fue suficiente para desafiar la actitud, muy enraizada, hacia los estados holotrópicos establecida en la primera mitad del siglo XX. Los problemas que resultaron de una autoexperimentación sin supervisión a cargo de la joven generación de la década de los años sesenta y las falacias difuminadas por periodistas sensacionalistas complicaron más la imagen, previniendo una valoración realista del potencial de los psiquedélicos, así como de los riesgos asociados con su uso.

A pesar de la gran evidencia de lo contrario, la psiquiatría oficial sigue considerando todos los estados holotrópicos de consciencia como patológicos, pasa por alto la información generada en su investigación, y no distingue entre estados místicos y psicosis. También siguen utilizando distintos medios farmacológicos para reprimir indiscriminadamente cualquier estado no-ordinario de consciencia que se produzca espontáneamente. Es notable el grado en que la ciencia oficial ha ignorado, distorsionado y malinterpretado la evidencia concerniente a los estados holotrópicos, aunque sus fuentes hayan sido el estudio histórico, las religiones comparadas, la antropología o diversos ámbitos de la investigación moderna sobre la consciencia, como la parapsicología, la terapia psiquedélica, las psicoterapias vivenciales, la hipnosis, la tanatología, o el trabajo con técnicas de laboratorio que modifican los estados mentales. La rigidez con la que los científicos tradicionales han afrontado la información recopilada por dichas disciplinas es algo que solo esperaríamos del fundamentalismo religioso. Es muy sorprendente el que dicha actitud se produzca en el mundo de la ciencia, puesto que es contraria al espíritu real de la investigación científica. Las más de cuatro décadas que he pasado investigando la consciencia me han convencido de que el serio examen de los datos del estudio de los estados holotrópicos debería tener consecuencias muy importantes no solo para la teoría y la práctica de la psiquiatría, sino también para la cosmovisión científica de occidente. El único modo en que la ciencia moderna puede conservar su filosofía de materialismo monístico es excluyendo y censurando de un modo sistemático todos los datos concernientes a los estados holotrópicos. Como hemos visto, el uso del potencial curativo de los estados holotrópicos es el desarrollo más reciente de la psicoterapia occidental, si dejamos a un lado el breve periodo de principios de siglo que hemos debatido antes. Paradójicamente, en un contexto histórico más amplio, es también la forma de sanación más antigua; la cual se remonta al alba de la humanidad. Las terapias que utilizan los estados holotrópicos representan por lo tanto un redescubrimiento y una reinterpretación moderna de los elementos y principios que han sido documentados por los antropólogos que estudian formas antiguas y aborígenes de sanación espiritual, en especial algunos procedimientos chamánicos.

Como he mencionado antes, la psiquiatría y la psicología occidental no consideran que los estados holotrópicos (exceptuando a los sueños que no sean recurrentes o pesadillas) tengan un potencial terapéutico o heurístico, sino que los contemplan básicamente como fenómenos patológicos. Michael Harner, un antropólogo con excelentes credenciales académicas, que también se sometió a una iniciación chamánica cuando hacía trabajo de campo en las selvas amazónicas y que practica el chamanismo, sugiere que la psiquiatría occidental es muy parcial, cuanto menos de dos formas significativas. Es etnocéntrica, lo que significa que considera sus puntos de vista sobre la psique humana y la realidad como el único modo correcto y que a la vez es superior a los demás. Es también cognicéntrica (un término más preciso sería pragmacéntrica) lo que significa que solo toma en consideración experiencias y observacion es en estados ordinarios de consciencia (Harner, 1980). El desinterés de la psiquiatría por los estados holotrópicos, y su descarte, ha desembocado en un enfoque culturalmente insensible y en una tendencia a patologizar todas las actividades que no puedan comprenderse en el estrecho contexto del paradigma materialista monístico. Lo que incluye la vida ritual y espiritual de culturas ancestrales y pre-industriales, así como toda la historia espiritual de la humanidad. A su vez, esta actitud también oculta el crítico desafío conceptual que el estudio de los estados holotrópicos aporta a la teoría y práctica de la psiquiatría.

Si estudiamos sistemáticamente las experiencias y las observaciones asociadas con los estados holotrópicos, ello nos conduce, de un modo inevitable, a una revisión radical de nuestras ideas básicas sobre la consciencia y sobre la psique humana, así como a un enfoque totalmente nuevo de la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia. Los cambios que deberíamos hacer en nuestro modo de pensar entran en varias categorías. La psiquiatría y la psicología académica tradicional utilizan un modelo que se limita a la biología, la biografía postnatal y el inconsciente individual freudiano. Para dar cuenta de todos los fenómenos que se producen en los estados holotrópicos, debemos revisar de forma drástica nuestra comprensión de las dimensiones de la psique humana. Además del nivel biográfico postnatal, la nueva cartografía ampliada incluye dos ámbitos adicionales: el perinatal (relacionado con el trauma del nacimiento) y el transpersonal (que comprende recuerdos ancestrales, raciales, colectivos y filogenéticos, experiencias kármicas y dinámica arquetípica).

Para explicar distintos trastornos que no tienen base orgánica (psicopatología psicogénica), la psiquiatría tradicional utiliza un modelo que se limita a los traumas biográficos postnatales de la infancia, la adolescencia y la vida madura. La nueva comprensión sugiere que la raíz de estos trastornos es mucho más honda, para incluir contribuciones importantes del nivel perinatal (trauma del nacimiento) y de los ámbitos transpersonales (como los que se han señalado anteriormente).

La psicoterapia tradicional solo conoce mecanismos terapéuticos que operan a nivel del material biográfico, como el recuerdo de acontecimientos del pasado, la eliminación de la represión, la reconstrucción del pasado a través de los sueños o los síntomas neuróticos, el revivir recuerdos traumáticos y el análisis de la transferencia. La investigación holotrópica revela muchos otros importantes mecanismos de sanación y de transformación de la personalidad, puestos a nuestra disposición cuando nuestra consciencia alcanza los niveles perinatales y transpersonales.

La meta de las psicoterapias tradicionales es alcanzar una comprensión intelectual de cómo funciona la psique, porqué desarrolla síntomas y cuál es su significado. Esta comprensión,
posteriormente, se convierte en el fundamento para desarrollar una técnica que el terapeuta pueda utilizar para tratar a sus pacientes. Un grave problema de esta estrategia es la sorprendente falta de acuerdo entre los psiquiatras y los psicólogos en relación a los temas teóricos más fundamentales y el resultante, y sorprendente, número de escuelas que compiten en la arena psicoterapéutica. El trabajo con los estados holotrópicos nos muestra una alternativa radical sorprendente: la movilización de una inteligencia interior profunda en los clientes que guía el proceso de sanación y de transformación. La ciencia occidental materialista no tiene espacio para ninguna forma de espiritualidad y, de hecho, la considera incompatible con la visión del mundo científica. La investigación moderna de la consciencia muestra que la espiritualidad es una dimensión natural y legítima de la psique humana y del esquema universal de las cosas. Sin embargo, en este contexto, es importante recalcar que esta afirmación se aplica a la espiritualidad auténtica y no a las ideologías o a las religiones organizadas.

Las revisiones necesarias que hemos discutido hasta el momento estaban relacionadas con la teoría y la práctica de la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia. Sin embargo, el trabajo con los estados holotrópicos plantea desafíos de una naturaleza mucho más fundamental. Muchas de las experiencias y observaciones que se producen a lo largo de este trabajo son tan extraordinarias que no pueden entenderse en el contexto del enfoque materialista monístico de la realidad. Su impacto conceptual es tan grande que pone en solfa las suposiciones metafísicas más básicas de la ciencia occidental, en particular aquellas que atañen a la naturaleza de la consciencia y su relación con la materia.